Cargando

«Nochebuena con mis padres y Nochevieja con los tuyos.»

Cuando era pequeña me encantaban estas fechas. Siempre volvíamos a Madrid por Navidad y me reencontraba con mis hermanos y con toda mi familia. Recuerdo esas cenas multitudinarias en casa de mi abuela con un sofá repleto de paquetes que abríamos pasadas las doce de la noche, y los cánticos posteriores hasta altas horas de la madrugada. Después, el 31 en Arenas de San Pedro donde no faltaban los invisibles, los manjares, las uvas, la juerga y la pulmonía con la que estrenabas el año nuevo. Eran tiempos donde las navidades eran verdaderamente sinónimo de piña familiar, de reencuentros y de risas incesantes y en la que abundaban los regalos.

Lamentablemente, con el paso de los años, las circunstancias personales cambian, la ilusión disminuye y los compromisos aumentan. El hecho de tener una pareja estable dispara de forma considerable el nivel de estrés. No queda más remedio que dividirse. “Nochebuena con mis padres y nochevieja con los tuyos.” Qué fácil sería si se aplicara siempre la misma norma. Pero cada año la situación familiar varía. Que si este año mis padres se quedan solos el 24, que si fulanito está enfermo y no podemos desplazarnos, que si me apetece una nochevieja en sol.

Si a este nivel de incertidumbre le sumas que eres la encargada de organizar la nochevieja, no os quiero ni contar. “Mariana, a ti que se te da muy bien esto de los eventos, busca plan y organiza la nochevieja.” Pon de acuerdo a todos para que accedan a coincidir el 31, busca y requetebuscas ofertas en hoteles buenos, bonitos y baratos donde quepan ciento y la madre, cuenta y recuenta desayunos, menús y camas supletorias, comunícalo y adáptate a los gustos y exigencias de cada uno.

Al margen del lado organizativo, existe el social. Mes de diciembre, 31 días, dos cenas familiares, una cena de empresa y dieciséis noches de cañas y cenas con jefes, compañeros, amigos, familiares, conocidos, y trescientos SMS. Y cómo olvidar los regalos invisibles en los que te estrujas los sesos por encontrar algo original ajustado al presupuesto, para que a ti te toque un cojín hinchable para el cuello y encima de propaganda.

Y para rematar, los niños de San Ildefonso no acaban de darnos la buena noticia, por lo que la paga extra se esfuma con los seguros múltiples que te dejan la cuenta tiritando, y te ves obligado, una vez más a recurrir al jersey de Springfield o a la camisa de El Corte Inglés para sorprender.

Menos mal que cuando se tienen niños recuperas algo de ilusión. Os garantizo que, a pesar de recorrerte Madrid y de pelearte en la juguetería por la última wins de la capital, o de tirarte toda una noche montando una bici a oscuras, ver la cara de tus retoños la mañana de reyes, no tiene precio.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *