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¿Tú desvirtualizas?

Seguramente muchos no conozcáis el significado de esta palabra, de hecho, ni siquiera viene recogida en el Diccionario de la Real Academia. Sin embargo, forma parte a diario de mi vocabulario. Desvirtualizar no es otra cosa que ponerle cara a una persona con la que hablas a diario en redes sociales.

Y ahora es el momento en que muchos de vosotros os lleváis las manos a la cabeza pensando que cómo es posible que algunos, no sólo perdamos el tiempo, si no que nos atrevamos a conocer personalmente a personas que salen de una red. Pues bien, así es. Y me atrevo a decir que no me cabe en la cabeza como algunos no contemplan esta posibilidad que, no es otra cosa que, ampliar tu red de contactos, de amistades y de experiencias.

Yo lo he hecho en varias ocasiones y mis #copasenlamaleta han permitido que descubra que tras unos usuarios en twitter se escondan personas de carne y hueso con intereses afines a los míos, con experiencias profesionales de las que puedo aprender y con historias personales absolutamente apasionantes.

Hace unos días, una amiga que no frecuenta el 2.0 se lamentaba de que ya no se encontraban personas auténticas. Sólo puede contestarle que es difícil encontrarlas si no las buscas, si no amplías tu círculo y no sales de tu zona de confort. Personalmente y por la vida que me ha tocado vivir, llevo años viéndome obligada a hacer nuevas amistades. Cada vez que cambiaba de destino tenía que volver a empezar y doy gracias a Dios porque me haya tocado vivir así, porque estoy absolutamente convencida de que no hay mayor riqueza que el conocer y el explorar.

Las tendencias han cambiado y la forma de hacer amistades también. Por supuesto que podemos seguir conociendo gente nueva en fiestas y eventos de networking, sin embargo, tenemos tendencia a movernos siempre en los mismos ámbitos y es inevitable que llegue un momento en que volvamos a casa sin que nos hayan presentado a nadie. Además, es complicado mantener el contacto con una persona a la que has conocido en un evento y que ya no vas a volver a ver.  Por el contrario, el 2.0 ofrece un contacto constante e ininterrumpido. Puedes interactuar con tus interlocutores cuantas veces quieras y cuando quieras. Y esto hace que, de pronto y sin entender muy bien por qué, tengas mucho más contacto con una persona que no conoces de nada que con un antiguo buen amigo al que le perdiste la pista.

Mentiría si dijera que todo es maravilloso y que las personas que desvirtualizas son todas estupendas. Incluso me atrevo a decir que es más difícil que congenies con una persona que has conocido a través del 2.0 que con una que has conocido en 1.0. Simplemente porque hay casos en los que te encuentras con un interlocutor sumamente introvertido que utiliza las redes como parapeto y, por tanto, no es igual en el mundo real. Mentiría si dijera que en el mundo virtual no existen las desilusiones.  ¡Claro que sí! Yo las he tenido. Pero no más que en el mundo real.

Mi experiencia, a día de hoy, es absolutamente positiva. Me encanta conocer gente nueva y variopinta. Me encanta tenerles a mano a golpe de @. Me encanta tener planes diferentes casi todos los días. Me encantan las endorfinas que me generan estas nuevas experiencias. En definitiva, me encanta sentirme viva.

Si no desvirtualizas, no sabes lo que te pierdes.

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