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Facebook: Manual de instrucciones.

Últimamente se escribe mucho sobre las redes sociales. Provocan tanto ruido fuera como el que generan dentro. Desarrollo de herramientas, proliferación de aplicaciones, millones de cursos de Community Manager, videos, canciones, chapas y un sinfín de conversaciones al respecto. Yo no os voy a soltar ninguna chapa sobre estrategias comerciales de Social Media, para eso están los expertos. Lo que quiero es contaros mi experiencia como usuaria de estas plataformas.

Hoy en día, el que no tenga un perfil en Facebook no se entera de la mitad de las cosas que ocurren a su alrededor. No se trata de una afirmación despectiva, Dios me libre. Todo lo contrario, admiro profundamente a los que pasan de esa “realidad virtual” y concentran todas sus energías en el mundo real. Pero es cierto que en Facebook se mueven muchas cosas. Es el mayor escaparate que conozco. La mejor forma de enterarte de todo lo que tus amigos quieran compartir. Fotos, canciones, ubicaciones, estados civiles, eventos, tendencias, noticias, etc. Y si eres un poco avispado, puedes ser partícipe de alianzas, relaciones clandestinas, amistades peligrosas, contactos imposibles que provocan millones de reacciones tanto buenas como malas.

Si no estás, no te enteras de si mengano está enfermo, por lo que quedas fatal por no interesarte sobre su salud. Si no estás y no tienes buena memoria, vuelves a quedar mal porque a los usuarios de Facebook no se nos escapa un cumpleaños, y a ti puede que sí. Si no estás, puede que te quedes sin plan porque ya muchos de los eventos se crean en dicha plataforma. Si no estás, serás de los últimos en enterarte de un notición puesto que te pierdes las célebres actualizaciones de estado.

Pero estar también tiene sus desventajas. Si estás y actualizas a menudo tu perfil, te tachan de tener mucho tiempo libre. Señores, no nos engañemos: el que no lo actualiza es porque no le gusta, no es porque no tenga tiempo. Si estás y hablas de tu vida privada, dicen de ti que vas aireando tus intimidades a los cuatro vientos. Error: tú sólo publicas lo que quieres que se vea. Si estás y eres de los usuarios activos, consigues arrastrar una marea de notificaciones que provienen de seres que a menudo invaden tu muro con conversaciones de lo más variopintas. A veces hasta resulta mareante. Si estás y eres pasivo, cuidado con comentar algo de vez en cuando si no quieres que te tachen de cotilla o, lo que es peor, de “voyeur”.

Pero todo esto está en la superficie. Todo lo mencionado hasta ahora se ve a golpe de vista. Sin embargo, Facebook llega mucho más lejos. Es capaz de revelarnos los secretos más insospechados. Siendo rápidos y astutos podemos ser testigos ocultos tanto de peleas como de reconciliaciones. Los famosos “me gusta” son más peligrosos de lo que pensamos. Si pones muchos de ellos en alguien en particular y ese alguien es del sexo opuesto, estás enamorado. Si provocas más “me gustas” que el resto de tus amistades, puedes ser víctima de un ataque de celos. Si te ponen, ponlos. Si ves que fulanito y menganito se han hecho amigos y sabes que  ya lo eran anteriormente, estás presenciando una reconciliación. Si de pronto dejas de ver los comentarios de una persona es porque te ha ocultado, borrado o incluso bloqueado. Todo depende de la tirria que te tenga. Si borras a alguien de tu Facebook, prepárate para las consecuencias. Si te van “robando” amigos, no te extrañes. Si quieres ser servicial comparte lo que les interese a tus amigos. Si quieres que tu muro no se convierta en un patio de colegio, comenta en los muros de todos tus amigos.

¡Ojito con la geolocalización! Tanto si eres transparente como si tienes algo que ocultar, piensa dos veces antes de dar al “estoy aquí”. Tu posición puede causar estragos. Si estás de baja, deberías estar en cama. E imagínate las reacciones si coincides en lugar, fecha y hora con aquel o aquella que te pone tantos “me gustas”. Se aceptan apuestas.

¡Al loro con las fotos! Ya sean de cámara o de móvil. Si te disparan con el objetivo: ponte de puntillas, mete tripa y pon la mejor de tus sonrisas porque te etiquetan seguro. Y, claro, todos tenemos nuestro pundonor… Cuidado con aparecer al lado de alguien que se supone que no debería estar. Cuidado con las excusas que pones para no quedar con alguien. Sólo puedes geolocalizarte y ponerte ante el objetivo si previamente no le has mentido a nadie. No vaya a ser que a tu primo le digas que te encuentras fatal y que te metes en la cama y que al día siguiente te pille en su muro con las manos en la masa.

Continuará…

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