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Sueños rotos

Ella no estaba cómoda en su entorno, se dio cuenta de ello y reaccionó. Luchó, trabajó, ahorró y convenció a los suyos de que su destino estaba del otro lado del charco.

– “Voy a probar suerte,” dijo.

Y en Madrid se plantó hace poco menos de un año con una maleta, 550€ y todas las ganas e inocencia del mundo. De eso ha tenido mucho. Sus ojos aterrizaron llenos de esperanza y de ilusión. Su boca albergaba la mayor de las sonrisas, sus piernas estaban preparadas para patearse la ciudad en busca de un empleo y su mente concentrada en salir adelante.

Pero el charco es muy grande, tan grande que casi siempre hace incrédulas las malas noticias. Lo soñadores sueñan y siempre ven al vecino mejor, más fuerte y más sano. Pero la realidad no es así. Y el destino que ella eligió está más grave que el origen del que emigró.

Para colmo ha tenido la desgracia de que quien le prometió tenderle la mano, se la quitó, y quien la acogió, la mal acogió. Han ido pasando los días y de momento no ha podido recoger lo sembrado. Atrás quedan millones de CV enviados y millones de palos tocados. En el horizonte, una nube negra, un destino muy incierto y un enorme temor al sueño roto.

Pero tanto sus ojos como su sonrisa siguen radiantes.

Ánimo, Margarita. Tú sí que vales.

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