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Carta al Sr. Rajoy.

Estimado Sr. Rajoy:

Ésta sin duda será una de las millones de cartas que recibe y que no lee pero, aún sabiéndolo, me voy a quedar mucho más tranquila escribiéndola.

Antes que nada, quiero decirle que yo le voté.

Tengo 34 años, marido, dos hijas de 6 y 4 años, un alquiler, un trabajo y una empresa. Visto desde fuera, parece que soy una auténtica privilegiada, y de hecho lo soy puesto que soy de esas personas que opina que “toda situación es susceptible de empeorar”.

Ahora bien, le diré que no duermo bien por las noches porque me paso el día buscando todo tipo de métodos para estirar el dinero que entra en casa y, al menos, cubrir los ya pocos gastos que tenemos. Y digo “ya pocos” porque antes consumíamos electricidad, gas, teléfono, gasolina, seguros, ropa, gastronomía, cultura y hasta hacíamos regalos. Qué bien vivíamos, ¿eh?

Ahora no. Ahora estamos con la soga al cuello. E insisto que soy consciente de que la cosa puede empeorar. Pero ahora no encendemos luces, andamos casi a oscuras, no hablemos de aires acondicionados, eso gasta mucho. Ventilador del chino y agüita. Paradójicamente consumimos más gas puesto que desayunamos, comemos, merendamos y cenamos en casa pero le garantizo que bajará el consumo en calefacción. Se avecina un invierno muy frío en el que el regalo estrella de las navidades podría ser perfectamente una manta, pero no comprada, sino aquellas que, en los buenos tiempos, le robábamos a Iberia, eso sí, muy limpita. ¿Teléfono? ¿Para qué? Sólo para emergencias. Menos mal que existe WhatsApp, eso si tienes para pagar una tarifa de datos. ¿Gasolina? Un lujo, total, no puedes salir de casa. ¿Seguros? Todo a terceros y el seguro médico también iba a ser historia hasta que hemos visto lo que va a ocurrir con la seguridad social. ¿Ropa? Vieja. Toca coser, descoser, remendar y arreglar. Como mucho los zapatos de las niñas más que nada porque no es cuestión de que vayan con el dedo gordo fuera. ¿Salir a cenar, a tomar una copa o ir al cine? Jajaja.

Así estamos Sr. Rajoy. Así estamos. Para colmo, ha decidido subir el IVA justo en el mes de septiembre y coincidiendo con la vuelta al cole. ¿Ha sido a propósito? ¿O es que no sabe que la cuesta de enero nada tiene que ver con la de septiembre para los que somos padres? Le recuerdo que nuestro sistema educativo es tan lógico y práctico que tengo que abonar 500€ en libros destinados a niñas de muy temprana edad. Porque, ¿cómo no le vamos a dar a un retaco de 3 años que no sabe ni lo que es la “A” 300€ en libros? Porque, ¿para qué aprovechar los de cursos anteriores? No, qué va. Hay que gastarse lo que uno no tiene en la educación de sus hijos porque, en teoría, es lo que les va a salvar de la ruina en el futuro. Y digo “en teoría” porque mis padres se gastaron un dineral en mi educación y a pesar de tanto título y tanto idioma, no llego a fin de mes.

A pesar de todo esto, sigo sonriendo. Hay que hacerlo. De momento, y digo de momento, tanto mi marido como yo cobramos nómina. Una nómina que cada vez está más delgada y a la que cada vez le queda más grande cualquier extra. ¿No hizo Sanidad hace poco una campaña contra la anorexia?

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