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Hemos hecho algo grande.

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La página de Facebook que cree el día de la riada de Vera fue creciendo poco a poco. Los afectados fueron dándole al “Me gusta” constante y paulatinamente lo que hacía que Patricia y yo nos sintiéramos con la suficiente responsabilidad de subir contenido interesante y de interactuar con los seguidores. Así, lo que empezó siendo una mera página se ha convertido en una plataforma que a día de hoy agrupa más de 800 seguidores entre los cuales hay también una importante comunidad de ingleses residentes de la zona, lo que nos “obliga” a postear en dos idiomas.

A finales de octubre, se nos ocurrió hacer un Calendario Benéfico para ayudar a los más damnificados por la catástrofe natural. Dicho y hecho. Iñaki, Patricia, Carlos y yo cogimos carretera y desembarcamos cinco horas después en un bar de Pueblo Laguna en el que habíamos citado a los “modelos voluntarios”. Llegar allí y encontrarnos no sólo con gente dispuesta a colaborar, sino con personas que nos daban las gracias por la labor que estábamos nos dio una energía especial. Una fuerza que necesitábamos puesto que el desgaste del día a día junto con la desolación de ver nuestro paraíso tan mermado, nos tenían bajos de moral.

El sábado fue un día muy intenso. Empezamos a las 7.00h, había que aprovechar la luz. Citamos a muchos de los voluntarios en la playa y ahí estaban todos siguiendo las indicaciones que les habíamos dado. Iñaki y Carlos hacían las fotos y dirigían a los modelos mientras que Patricia y yo localizábamos espacios. A las doce, y con algunos meses ya cerrados, paramos para desayunar y nos fuimos a Puerto Rey a seguir localizando. Allí, fuimos un rato a la playa, a mi playa. Teníamos un ratito libre antes de citarnos con otros voluntarios. Durante ese ratito, Patricia y Carlos sacaban fotos mientras que Iñaki decidió darse un paseo y yo me senté en la orilla. No puedo explicar lo que allí me ocurrió pero me derrumbé. Habían sido tantas emociones juntas y eso sumado a ver mi playa tan arrasada y sin vida hizo que de pronto se me cayeran las lágrimas. Pero la cosa no fue a más porque rápidamente llegaron los citados, les hicimos las fotos y nos fuimos a almorzar. Por la tarde teníamos sesión de fotos en lo que era el Club Deportivo de Puerto Rey. Un lugar que, como la playa, solía tener mucha vida y que ahora estaba devastado. Allí fotografiamos a Mónica y a David y terminamos la jornada y el calendario con Reme. Acabamos derrotados. Localizar tiene su aquel y dirigir a personas que jamás se han puesto ante una cámara también. Eso sí, nos volvimos al día siguiente a Madrid con la maravillosa sensación que proporciona el saber que has cumplido con tu deber.

El mismo lunes nos pusimos en marcha. Nos quedaba mucho trabajo por delante. Teníamos que elegir 12 fotos entre 3200 y todas fantásticas, talonarlas y distribuirlas en función de los cumpleaños de los voluntarios. Teníamos que pedir presupuestos a imprentas (unos 8), elegir la imprenta, retocar las fotos seleccionadas, maquetar el documento, llamar a la puerta de posibles patrocinadores y, todo esto, durante horas extras puesto que nuestra vida seguía y tenía que seguir adelante.

Tanto la labor de maquetación como la de búsqueda de patrocinio han sido especialmente duras. Además, tenían que ir en paralelo porque no teníamos tiempo de maquetar tras hallar al patrocinador. Llamar a la puerta de empresas e instituciones que nos habían prometido ayudarnos económicamente y ver como ahora daban la callada como respuesta es cuanto menos frustrante. Patricia y yo enviamos más de 30 solicitudes y no sólo en vano sino que encima sin un simple y educado “no” por respuesta. Los ánimos se iban mermando al ver que el mes de noviembre llegaba a su fin y que sin patrocinador nuestro proyecto, en el que habíamos invertido tantas horas, no saldría adelante. Incluso nos llegamos a plantear recolectar dinero entre los miembros de la plataforma.

Sin embargo, dos días antes del plazo que nos habíamos puesto de fecha límite para seguir luchando, apareció un ángel. Antonio Jesús Cervantes Caparrós, un constructor de la zona se puso en contacto con nosotras para decirnos que él nos ayudaba a que el calendario viera la luz. No os podéis imaginar lo mucho nos alegró su llamada. Por fin alguien creía en nosotras. Por fin todo nuestro esfuerzo se vería recompensado. Y no porque ganáramos algo con las ventas, sino porque por fin veríamos nuestro sueño hecho realidad.

No había tiempo que perder. Estábamos a las puertas de diciembre y sabíamos que los calendarios no se venden más allá se nochevieja. Teníamos que terminar de maquetar y que probar los logos del patrocinador. A todo esto, La Voz de Almería se unió al proyecto ofreciéndonos hacer promo de la campaña tanto en prensa como en radio y comprándonos 800 ejemplares. Pruebas de logo, diseño de la creatividad para el periódico, comunicación intensa con la imprenta, ferros y largas jornadas de trabajo han dado como resultado un trabajo esperado por muchos y con el que vamos a ayudar a los más necesitados por medio de la Asociación Hudea.

Sobra decir que sin la colaboración de Iñaki Martínez Bilbao, sin el enorme esfuerzo y fantástico trabajo de Carlos de las Heras y sin el tesón de Patricia, esta mi locura no habría podido llevarse a cabo. Y desde aquí les doy las gracias, porque estoy muy orgullosa de todos ellos y de mi misma.

Porque hemos hecho algo grande, muy grande, solos, muy solos y de forma totalmente altruista.

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