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¡Cómo está el servicio!

Últimamente los periodistas se han puesto las botas con los piquitos de oro de los chóferes de los ministros. Así, hemos conocido que De la Vega les obliga a pisar el acelerador a tope por llegar siempre tarde, Bibiana Aído sale de copas hasta altas horas y hay que esperarla para llevarla a casa. Salgado se lleva burros con miles de trajes a ciertos eventos, etc.

Pero que el servicio largue de lo divino y de lo humano no es novedad. Todavía recuerdo los revuelos que se formaban en el mundo rosa con los empleados de hogar de las pantojas, las jurados y las carminas. Y ¡cómo olvidar a las nanis de los hijos de los Beckham! Recuerdo a una tal Rebeca que aseguró haberse acostado con el futbolista y luego vendernos que era lesbiana. La verdad es que si yo fuera conocida, les haría firmar un contrato de confidencialidad porque te expones a todo.

Por otro lado, los famosos no son los únicos que están vendidos. Los que tenemos niños también lo estamos. Yo llevo un desfile impresionante. Y es que no es fácil encontrar a una persona de la que te puedas fiar tanto como para dejarla al cuidado de tus retoños. La casa, la cocina y la plancha no son nada en comparación con una criatura. Y claro, como siendo padre dependes del servicio para todo, ellos lo notan y se hacen fuertes. Desde que soy madre, me he vendido y rendido a los pies de todas las que han pasado por casa. He visto de todo, a una durmiendo la siesta en mi sofá, a otra que se sentaba a cenar con nosotros, a otra que se largó sin decir adiós y llevándose lo que me dio la gana, y ahora a una que se apunta a un curso los martes y jueves de nueve a dos y me pide que no le baje el sueldo. Me lo trago, accedo y ahora me dice que se va.

En fin…Busco interna.

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